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Egipto contiene la respiración

EL CAIRO – "Ustedes son la autoridad, sobre cualquier otra autoridad. Ustedes son los protectores, quien busque protección lejos de ustedes es un tonto… y el ejército y la policía me están escuchando", dijo el presidente electo de Egipto, Mohamed Morsi, ante cientos de miles de personas en la Plaza Tahrir. Un hombre que había sido encarcelado tras el "Viernes de la Ira" (28 de enero de 2011) prestó juramento presidencial en Tahrir en un "Viernes de la Transferencia del Poder" (29 de enero de 2012). Pero estuvo a punto de no lograrlo.

Diez días antes, el 19 de junio, yo estaba con un grupo de ex miembros del parlamento de Egipto en la Plaza Tahrir. Uno de ellos recibió una llamada telefónica informándole que un alto líder de la Hermandad Musulmana iba a venir para anunciar que el grupo estaba siendo chantajeado: o aceptaba la adenda constitucional decretada por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF por su sigla en inglés), que prácticamente evisceraba la presidencia, o el resultado de la elección presidencial no se decidiría en favor de los Hermanos. Una hora más tarde, la figura prominente no había aparecido. "Las conversaciones estaban a punto de colapsar, pero se reanudaron", dijo el ex miembro del parlamento. "Contengan la respiración".

La victoria de la Hermandad de Morsi en las primeras elecciones presidenciales libres de Egipto es un paso histórico en el camino pedregoso de la democratización de Egipto. Su contendiente, el último primer ministro del ex presidente Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq, no tenía ninguna posibilidad de ganar una elección limpia, a pesar del respaldo de una gigantesca máquina de propaganda controlada por el estado y de varios magnates. "¿A cuánta gente pueden engañar, convencer o comprar? No tenemos tan mala memoria", me dijo un taxista cuando le pregunté si iba a votar por Shafiq.

De hecho, la revolución egipcia derrotó al régimen de Mubarak y a sus vestigios tres veces desde enero de 2011: primer con el derrocamiento de Mubarak, luego en las elecciones parlamentarias que se llevaron a cabo a comienzos de este año y ahora con la victoria de Morsi. Y, sin embargo, un régimen dominado por los militares sigue siendo una posibilidad real. La serie de decisiones tomadas por el gobernante SCAF justo antes de las elecciones presidenciales claramente demostró que el ejército no tiene ningún interés de renunciar al poder.