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Juego de espías

MELBOURNE – Gracias a Edward Snowden, ahora sé que la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (la NSA) me está espiando. Utiliza a Google, Facebook, Verizon y otras empresas de Internet y de telecomunicaciones para reunir enormes cantidades de información digital, que sin duda incluyen datos relativos a mis correos electrónicos, llamadas telefónicas y uso de tarjetas de crédito.

Como no soy ciudadano de Estados Unidos, esto es totalmente legal. E incluso si yo fuera ciudadano estadounidense, es posible que de todos modos las operaciones de vigilancia hubieran recogido un montón de información sobre mí, aunque el blanco de la búsqueda fuera otro.

¿Debería esta invasión de mi privacidad escandalizarme? ¿Se habrá hecho realidad, con tres décadas de retraso, el mundo que imaginó George Orwell en 1984? ¿El Hermano Grande me vigila?

Yo no me siento escandalizado. Por lo que sé hasta ahora, no me preocupa en lo más mínimo. Es improbable que alguien esté leyendo mis correos electrónicos o escuchando mis llamadas por Skype. El volumen de información digital que reúne la NSA es tan grande que sería una tarea imposible.