Jonathan Nackstrand/AFP/Getty Images

Nobel de Economía versus socialdemocracia

OXFORD – De las elites que manejan la sociedad moderna, sólo los economistas tienen un Premio Nobel, cuyos últimos ganadores, Oliver Hart y Bengt Holsmtröm, acaban de ser anunciados. Cualquiera sea la razón para este estatus único de los economistas, el halo conferido por el premio puede -y muchas veces lo ha hecho- otorgar credibilidad a políticas que afectan el interés público, por ejemplo al fomentar la desigualdad y al aumentar la probabilidad de crisis financieras.

Pero la economía no está del todo exenta de competencia. Una visión diferente del mundo guía la distribución de aproximadamente el 30% del PIB -para empleo, atención médica, educación y pensiones- en la mayoría de los países desarrollados. Esa visión sobre cómo debería manejarse la sociedad -la socialdemocracia- no es sólo una orientación política; también es un método de gobierno.

La economía estándar supone que la sociedad está impulsada por individuos egoístas que operan en los mercados, cuyas opciones aumentan hasta un estado eficiente a través de la "mano invisible". Pero esta doctrina no está bien fundamentada ni en la teoría ni en la práctica: sus premisas son poco realistas, los modelos que sustenta son inconsistentes y las predicciones que produce muchas veces son equivocadas.

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