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Un pacto de crecimiento para los Estados Unidos

 NUEVA YORK – Una vez más los Estados Unidos tendrán un gobierno dividido en el que los demócratas controlan la Casa Blanca, y los republicanos son mayoría en las dos cámaras del Congreso. Sin embargo, esto no quiere decir necesariamente que los dos últimos años de la presidencia de Barack Obama tengan que estar marcados por la paralización y las recriminaciones mutuas. 

El deseo de cambio de los votantes y el temor a que continúe el crecimiento lento, que desembocaron en la victoria de los republicanos en las elecciones intermedias del Congreso de esta semana, sin duda propiciarán una discusión sobre nuevas opciones de política diseñadas para incrementar el crecimiento, el empleo y los ingresos. Por supuesto, la experiencia de los Estados Unidos con un gobierno dividido puede crear pesimismo en el público sobre la capacidad de los dos partidos de llegar a un acuerdo. No obstante, como México demostró hace poco cuando sus tres partidos principales acordaron el “Pacto por México,” orientado al mercado, incluso los partidos políticos más encarnizadamente  opuestos pueden superar sus diferencias para adoptar reformas que son necesarias. 

Es larga la lista de medidas políticas potenciales que podrían beneficiar a los Estados Unidos –la liberalización comercial, una amplia reforma regulatoria, así como reformas educativas y migratorias, entre otras. Sin embargo, solo dos políticas son prometedoras en particular para un probable “Pacto por los Estados Unidos”: el gasto federal en infraestructura y la reforma del impuesto sobre sociedades. La promulgación de estas dos reformas generaría ventajas para cada parte –y para las dos en conjunto.  

No obstante, un consenso bipartidista de esa naturaleza requeriría eliminar a los prejuicios ideológicos de la derecha y la izquierda, aunque sea de forma temporal. Entre la izquierda, la manía por los estímulos keynesianos refleja una mala comprensión de la disponibilidad de las medidas (proyectos listos para su aplicación) y de su conveniencia (si podrán cambiar sustancialmente las expectativas de las familias y empresas). En efecto, para contrarrestar el pensamiento forjado en la reciente crisis financiera, las medidas de gasto tendrán que ser de larga duración si se desea aumentar las expectativas sobre el crecimiento futuro y por ende estimular la inversión actual y las contrataciones.