Jeffrey Greenberg/UIG via Getty Images

Una justificación económica para la igualdad de género

NUEVA YORK – En todo el mundo, el sesgo de género está atrayendo renovada atención. A través de marchas de protesta y campañas virales en las redes sociales, las mujeres de todo el mundo exigen el fin al acoso sexual, el abuso, el feminicidio y la desigualdad.

Pero, por más exitosos que sean los movimientos #MeToo y #TimesUp en cuanto a elevar la conciencia pública, la lucha por la paridad está lejos de terminar. Empoderar a las mujeres y las niñas es crucial para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas hasta el año 2030. Por el momento, sin embargo, el sesgo de género permanece como un obstáculo significativo para el progreso a nivel mundial; y, este prejuicio es especialmente agudo en el lugar de trabajo.

Hoy en día, sólo el 5 por ciento de las compañías S&P 500 están lideradas por mujeres, de acuerdo a Catalyst, una organización sin fines de lucro que actúa como órgano de control para puestos ejecutivos. Esa cifra sombría es aún más notable cuando se considera que el 73% de las empresas que funcionan a nivel mundial presuntamente tienen instituidas políticas de igualdad de oportunidades, según una encuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Además, a pesar de que las investigaciones muestran un vínculo claro entre el equilibrio de género de una empresa y su salud financiera, las mujeres ocupan menos del 20% de los puestos directivos en las empresas más grandes del mundo.

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