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La tendencia económica está de nuestro lado

BERKELEY – Son días de gran desilusión respecto del estado del mundo. Han resurgido fuerzas siniestras de fanatismo y fe asesinos (algo que al menos en Occidente suponíamos terminado después de 1750). Que refuerzan otras corrientes, que se les han sumado, nacionalistas, xenófobas y racistas, que creíamos enterradas bajo las ruinas de Berlín en 1945.

Para colmo, el crecimiento económico desde 2008 ha sido muy decepcionante. No hay argumentos que permitan cobijar el optimismo respecto de una mejora en los próximos cinco años, más o menos. Y la incapacidad de las instituciones globales para brindar un aumento permanente de la prosperidad debilitó la confianza que en tiempos mejores ayudaría a suprimir los violentos demonios de nuestra era.

Es fácil ser pesimista estos días; tal vez demasiado fácil. Pero en realidad, hay motivos para ser entusiastas y positivos a contracorriente: si miramos el crecimiento económico global con un horizonte no de cinco años, sino para los próximos 30 a 60 años, el panorama se ve mucho mejor.

La razón es sencilla: las grandes tendencias que impulsaron el crecimiento global desde la Segunda Guerra Mundial no se han detenido. Cada vez más personas obtienen acceso a nuevas tecnologías que aumentan su productividad; cada vez más participan de intercambios mutuamente ventajosos; y cada vez hay menos nacimientos, lo que mitiga el eterno temor a la denominada bomba poblacional.