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Los sonámbulos asiáticos

SEÚL – Independientemente de que les guste o no a los políticos y expertos de Asia Oriental, las relaciones internacionales actuales de la región se parecen más a la política de equilibrio de poder de la Europa del siglo XIX que a la de la Europa estable de la actualidad. Somos testigos del creciente nacionalismo de Asia Oriental, de las disputas territoriales y de la falta de mecanismos institucionales eficaces de cooperación en el ámbito de seguridad. Mientras que la interdependencia económica entre China, Japón, Corea del Sur, y los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático continúa profundizándose, sus relaciones diplomáticas se ven agobiadas por factores de rivalidad y desconfianza, tal como ocurrió con las relaciones entre los países europeos en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial.

Una característica común, entre dicha época y la actual, es el desplazamiento del poder. En aquel entonces, el poder relativo de Gran Bretaña estaba en declive, mientras que el de Alemania se había acrecentado desde la unificación alemana en el año 1871.

De manera similar, al menos en términos de capacidad económica, si no lo es también en capacidad militar, Estados Unidos y Japón parecen haber iniciado un proceso de declive con relación a China. Por supuesto, este proceso no es irreversible: podría detenerse este desplazamiento de poder que aparentemente es inexorable mediante un liderazgo político eficaz y reformas internas exitosas tanto en EE.UU. como en Japón, acoplándose ello a un fracaso en China en cuanto a controlar la presión política que proviene desde abajo.

Los grandes desplazamientos del poder definen épocas, en las cuales los principales líderes políticos tienen la propensión a realizan graves errores de política exterior. De hecho, la mala gestión de las relaciones internacionales en estos momentos críticos condujo a guerras importantes. Las potencias emergentes tienden a exigir un rol más protagónico en el ámbito de la política internacional, las potencias en declive tienden a ser reacias a ajustarse a la situación, y los responsables políticos clave son propensos a malinterpretar las intenciones de los líderes de los otros países y reaccionan de forma exagerada ante las acciones de estos últimos.