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El secreto del preescolar

BERKELEY – La educación preescolar de alta calidad es uno de los pocos temas donde coinciden personas de todos los estratos sociales y tendencias políticas. Pero el consenso sobre los beneficios (para los niños y para la sociedad) no se extiende al modo de suministrar y financiar el servicio. Felizmente, hoy se está experimentando con una inmensa variedad de modelos nuevos que pueden ayudarnos a definir la forma, el modo de financiación y el alcance de los futuros programas de educación temprana.

Para comprender lo que estos modelos buscan, es útil considerar sus bases científicas. Cada vez hay más pruebas de que los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo del cerebro; en los primeros tres años, se crean de 700 a 1000 conexiones neurales nuevas por segundo. La cantidad de palabras que un niño oiga en ese tiempo crítico incidirá profundamente en sus futuras capacidades intelectuales.

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Pero hay una gran diferencia entre la cantidad de palabras que oyen los hijos de padres profesionales y los de familias de clase trabajadora; en Estados Unidos es de tres millones de palabras al año. En los hogares de altos ingresos hay un promedio de 12 libros por cada niño, mientras que más de la mitad de las guarderías para niños de bajos recursos no tienen ni un solo libro.

Hay programas que tratan de nivelar el campo de juego. Por ejemplo, en Estados Unidos una iniciativa llamada First 5 California financia programas para educar a padres, abuelos, cuidadores y maestros acerca del papel fundamental que desempeñan durante los primeros cinco años de vida de los niños.

Pero lo que un niño aprenda en casa es solo una parte de la cuestión (aunque muy importante). Está demostrado que los niños también necesitan escolarización. En el ámbito de la OCDE, los estudiantes con un año o más de asistencia a preescolar obtienen importantes diferencias de puntaje (30 puntos) en las pruebas de lectura de PISA (el programa de evaluación internacional de estudiantes). Esta ventaja repercutirá decididamente en el éxito futuro. De hecho, hay estudios de larga duración que indican que la educación preescolar puede suponer un aumento de ingresos en la edad adulta de entre 1,3 y 3,5%.

Si a esto le sumamos que la asistencia de los niños a preescolar permite a los padres (y en particular, a las madres) trabajar, queda claro que la inversión en educación temprana redunda en grandes beneficios económicos y financieros a largo plazo. El premio Nobel James Heckman señala que es sumamente rentable, incluso en comparación con inversiones en otras etapas educativas.

Estos datos han alentado un vendaval de iniciativas para mejorar la educación temprana. En 2014, el Reino Unido aumentó el apoyo público a las familias con ingresos inferiores a 16 190 libras (23 648 dólares) al año, para permitir que los niños de dos años de edad reciban quince horas de educación semanal durante 38 semanas al año. Hoy, casi tres cuartas partes de esos niños están inscritos en educación preescolar, lo que da a sus madres oportunidad de trabajar o estudiar.

Pero el sector público no es el único que está haciendo inversiones. Preocupada por la divergencia entre la educación y las demandas de una economía cambiante, la dirigencia empresarial también se involucró. Por ejemplo, en Tennessee (EE. UU.), el sector empresario ha sido de los primeros en invertir en educación temprana. La experiencia reunida acentúa la necesidad no solo de aumentar la tasa de escolarización, sino también de apuntar a una educación de alta calidad, bien gestionada, con participación de las familias y conectada con la escolarización posterior.

También han surgido iniciativas que buscan vincular los sectores público y privado. Susan Buffett (hija de Warren Buffett) creó la Alianza para el Éxito Temprano, que reúne a diversas partes interesadas para alentar inversiones y políticas que permitan generar en los primeros ocho años de vida de los niños condiciones que lleven a una mejora de su futuro desempeño sanitario, educativo y económico.

Otros programas también tienen en cuenta el vínculo entre educación y salud. First 5 California (financiado con un impuesto al tabaco) movilizó a los pediatras (un grupo que de entrada goza de la confianza de los padres) para que los ayuden a comprender la importancia de interactuar con sus hijos en modos que promuevan la salud y el desarrollo cognitivo.

También hay importantes iniciativas en el nivel municipal. San Antonio (Texas) hizo de la inversión en educación temprana una prioridad. Por ser una ciudad gobernada por demócratas en un estado republicano, fue esencial el acuerdo bipartidario (alcanzado gracias a los esfuerzos del exalcalde Julián Castro y del gobernador Greg Abbott).

El programa de educación temprana de la ciudad de Nueva York es tal vez el más grande de Estados Unidos. Tiene más de 65 000 niños inscritos en preescolar, y cuesta más de 300 millones de dólares al año. El programa también hace hincapié en la calidad: por cada puesto docente vacante hay tres candidatos cualificados. Pero los críticos le señalan un defecto: las tasas de inscripción de niños de los barrios más pobres es menor. Es una falencia seria, porque son los más beneficiados por la educación temprana.

El estado de Utah encaró de frente el desafío de escolarizar a los estudiantes de menores recursos, suscribiendo uno de los primeros contratos de pago supeditado a resultados (también llamados bonos de impacto social) para mejorar la educación temprana en comunidades necesitadas. Goldman Sachs y la Fundación J. B. Pritzker invirtieron en el programa 7 millones de dólares, que les serán devueltos con los ahorros futuros. Los primeros resultados del programa fueron tan prometedores que en poco tiempo se amplió la cantidad de niños participantes.

Una de las iniciativas más ambiciosas que se están llevando a cabo en Estados Unidos es el programa Big Lift del condado de San Mateo (California), que trabaja para asegurar que todos los niños del condado en tercer grado tengan el nivel de lectura que se espera a esa edad (la tasa actual es 43%). El programa, que hace hincapié en sumar recursos para la educación temprana y mejorar el apoyo a los niños más necesitados de ayuda, nació por iniciativa de una amplia coalición de líderes del condado, y se financia mediante una combinación de un impuesto local a las ventas, subsidios federales y donaciones, que le han permitido reunir más de 28 millones de dólares, con la participación de más de 200 organizaciones.

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Modelos para mejorar la educación temprana no faltan. Dados sus claros beneficios económicos (y la disposición de los ciudadanos a invertir en ella), el próximo paso es determinar cuáles son los modelos que funcionan y adaptarlos a diferentes contextos.

Traducción: Esteban Flamini