Morir en los tribunales

UTRECHT – Gloria Taylor, canadiense, tiene esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como enfermedad de Lou Gehrig. Durante unos años sus músculos se debilitarán hasta que ya no pueda caminar, utilizar las manos, masticar, tragar, hablar y, al final, respirar. Entonces morirá. Taylor no quiere pasar por todo eso. Quiere morir en el momento que elija ella misma.

El suicido no es delito en el Canadá, por lo que, como dice Taylor: “Sencillamente, no puedo entender por qué a quienes pueden mover su cuerpo y padecen una enfermedad terminal la ley les permite dispararse cuando ya no pueden soportar más su situación, porque pueden sostener y apuntar una pistola, pero, como mi enfermedad afecta a mi capacidad para mover y controlar mi cuerpo, no se puede permitirme recibir ayuda compasiva para que pueda cometer un acto equivalente utilizando una medicación letal”.

Taylor considera que la ley le ofrece una alternativa cruel: o bien poner fin a su vida cuando aún puede disfrutarla, pero tiene capacidad para matarse, o renunciar al derecho que otros tienen a poner fin a su vida cuando decidan hacerlo. Acudió a los tribunales, con el argumento de que las disposiciones del Código Penal que le impiden recibir asistencia para morir están en contradicción con la Carta Canadiense de Derechos y Libertades, que concede a los canadienses los derechos a la vida, la libertad, la seguridad personal y la igualdad.

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