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Hay que eliminar la Agenda de Lisboa

En cuanto tome posesión como Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso -el ex primer ministro de Portugal-tendrá que poner especial atención en recuperar el orden y disminuir la dispersión de la política económica de la Unión Europea.

El expediente más grueso en su escritorio es el de la agenda de Lisboa, un ambicioso programa aprobado en 2000 por los jefes de Estado y de gobierno de la UE, cuya meta es hacer de la Unión "la economía del conocimiento más competitiva y dinámica" para 2010. Todos los campos principales de la política económica están incluidos: innovación y espíritu empresarial, reforma de la seguridad social e inclusión social, capacidades y empleo, igualdad de géneros, liberalización de los mercados laboral y de bienes, y desarrollo "sustentable".

Ciertamente todos esos son objetivos admirables, pero pertenecen intrínsecamente a la esfera de las decisiones políticas nacionales. En efecto, bajo los tratados europeos, la Unión no tiene competencia para legislar o establecer políticas en esos ámbitos, ni poderes para hacerlas cumplir.

Pero el Consejo Europeo, alentado por la Comisión Europea, inventó un nuevo enfoque de política -llamado "coordinación abierta" con el fin de inmiscuirse en esos campos. La coordinación abierta supone la definición de metas comunes a nivel de la UE, el cumplimiento voluntario por parte de los Estados miembros y la revisión de los resultados en el seno del Consejo Europeo.