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Trump domesticado

NUEVA YORK – Ahora que contra todos los pronósticos Donald Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos, la duda es si gobernará según el populismo radical de su campaña o adoptará un enfoque pragmático de centro.

Si Trump gobierna en sintonía con la campaña que le valió la elección, podemos esperar agitación en los mercados (de Estados Unidos y el mundo) y perjuicios económicos potencialmente serios. Pero hay buenas razones para esperar que su gobierno será muy diferente.

Los planes de un Trump populista radical incluirían descartar el Acuerdo Transpacífico (ATP), derogar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y aplicar altos aranceles a las importaciones chinas. También construir el prometido muro en la frontera con México; deportar a millones de trabajadores indocumentados; restringir la concesión de visas H1B para trabajadores cualificados, necesarios en el sector tecnológico; y derogar la Ley de Atención Médica Accesible (Obamacare), dejando a millones de personas sin seguro médico.

En términos generales, un programa radical llevaría a un importante aumento del déficit estadounidense. Se reduciría sustancialmente el impuesto a la renta de las corporaciones y los ricos. Y pese a la ampliación de la base tributaria, el aumento de impuestos a los gestores de fondos de inversión y el estímulo a la repatriación de ganancias corporativas en el extranjero, el plan radical no estaría exento de costo fiscal, ya que aumentaría el gasto militar y el gasto público en áreas como la infraestructura, y las rebajas impositivas para los ricos reducirían la recaudación unos nueve billones de dólares a lo largo de una década.