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La Antigua Roma de Donald Trump

DECORAH, IOWA – El populismo tiene una larga y colorida trayectoria en la política estadounidense, desde figuras como Huey Long por la izquierda y George Wallace por la derecha hasta, más recientemente, Ross Perot en 1992 y Donald Trump en la actualidad. Pero sus raíces se hunden mucho más profundamente en el tiempo: por más de dos milenios hasta el inicio del fin de la República Romana.

Durante gran parte de su historia, la República Romana fue gobernada por las tradicionales familias políticas y agentes de poder confiables que sabían cómo mantener a las masas a raya. Había elecciones, pero estaban diseñadas deliberadamente que las clases dirigentes obtuvieran la mayor parte del voto popular. Si la aristocracia romana, que votaba primero, elegía a un hombre para un cargo, los funcionarios a menudo ni siquiera se molestaban en contar los votos de las clases inferiores.

En algunas ocasiones, había levantamientos de arrieros de burros, granjeros y taberneros disgustados, que presionaban a sus gobernantes para aliviar sus deudas y hacerse escuchar realmente en el gobierno, pero esas revueltas eran rápidamente sofocadas con promesas de un mejor porvenir y contratando a unos pocos gladiadores fuera de servicio para convencer con palizas a los más problemáticos. A fines del Siglo II aC, los aristocráticos hermanos Graco trataron de impulsar una revolución política desde adentro, pero solo lograron que la nobleza conservadora los asesinara.

El hombre que finalmente hizo caer al sistema era un noble rico y ambicioso llamado Publio Clodio Pulcro, un demagogo populista que se negó a seguir las reglas. Clodio siempre había sido excéntrico e impredecible, de una manera que escandalizaba y divertía al populacho romano. De joven había incitado un motín entre las tropas de su cuñado, y después, cuando fue capturado por piratas, se ofendió profundamente por el ínfimo rescate que aceptaron por su liberación.