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Payasos en campaña

NUEVA YORK – Es improbable que el magnate inmobiliario y presentador de reality shows Donald Trump se convierta en el próximo presidente de los Estados Unidos. Es un charlatán, insensible, ignorante en casi todo, y su melena rubia peinada a lo peluquín lo hace lucir ridículo. Hasta los republicanos más ardientes lo tildan de “payaso de rodeo” y dicen que su campaña es un “circo”. El Huffington Post confinó estrictamente las noticias sobre su campaña a la sección de espectáculos.

Pero por ahora, Trump les está ganando a todos los otros precandidatos presidenciales republicanos. Esto es extraordinario hasta para la política estadounidense, que a veces puede ser muy rara. ¿Cómo se explica la popularidad de Trump? ¿Son todos sus partidarios “locos”, como los denominó (tal vez, imprudentemente) el senador John McCain?

Los críticos de Trump lo acusan de aprovechar los instintos más bajos de los votantes descontentos, que odian a los extranjeros (especialmente a los mexicanos), desconfían de los banqueros (o de cualquiera que tenga educación superior) y que todavía no terminan de aceptar la elección de un presidente cuyo padre era negro. Trump, en palabras del comediante Jon Stewart, es “el Ello de los Estados Unidos”, o al menos el de una gran cantidad de estadounidenses, en su mayoría blancos, mayores y residentes de pueblos chicos.

Todo esto puede ser. Pero Trump es parte de un fenómeno más amplio que se extiende a todo el mundo democrático. Votantes descontentos hay en todas partes, sea en Estados Unidos, Europa o la India. Pero hoy no sólo se están alejando de los partidos políticos tradicionales para seguir a populistas que prometen erradicar a las élites corruptas de los centros de poder, sino que también comparten una afición por políticos comediantes (o payasos, si se quiere).