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No salven a la prensa

LIUBLIANA - A lo largo de la historia, los líderes políticos han apoyado las tecnologías de la comunicación existentes en su época para defender el sistema en que gobiernan. También hoy los gobiernos se pueden sentir tentados a proteger los periódicos y la televisión pública con el pretexto de "salvar la democracia tal como la conocemos". Sin embargo, los esfuerzos por bloquear el cambio tecnológico han sido fútiles en el pasado y serían poco inteligentes hoy en día. En lugar de ello, el sistema político (y los medios de comunicación) se deben adaptar a la nueva realidad.

Enfrentados a una crisis existencial a medida que las nuevas tecnologías les arrebatan sus lectores y espectadores, los medios de noticias tradicionales -al igual que los banqueros, los fabricantes de automóviles y los productores de energía solar- se dirigen cada vez más a los gobiernos en busca de ayuda. Sin embargo, dan a entender que su causa es más noble. Los medios de comunicación son piedra angular de la democracia. Si todo se deja en manos de los blogs y los tweets, sin periodistas que informen, ¿cómo pueden los ciudadanos decidir qué políticas apoyar?

Esta forma de pensar refleja un temor que se remonta a muchos siglos atrás: como lo expresara Platón, los ciudadanos tendrían acceso a "información sin una adecuada educación y, en consecuencia, creerían saber mucho cuando en realidad son en su mayoría ignorantes". Se trata de un temor que ha seguido teniendo ecos en la historia desde entonces, desde la condena de la Iglesia Católica a la imprenta de tipos móviles de Gutenberg a las quejas de la burguesía victoriana sobre las nuevas libertades de la prensa.

A los gobernantes nunca les han gustado las nuevas tecnologías de las comunicaciones, porque el sistema político cuya autoridad detentan está adaptado a la tecnología existente. La escasez de pergaminos hacía que todas las tomas de decisiones se concentraran en una corte compuesta por un puñado de personas. Cuando la imprenta y el papel barato -la primera tecnología verdaderamente de comunicación de masas- se convirtieron en un desafío a este sistema, la Iglesia Católica y los monarcas defendieron el monopolio sustentado en la comunicación escrita mediante pergaminos, y fracasaron.