No lloremos por Doha

CAMBRIDGE – ¿Lo harán, o no? ¿Terminarán firmando los ministros de comercio del mundo un nuevo acuerdo comercial multilateral que reduzca los subsidios agrícolas y las barreras arancelarias a los bienes industriales, o se irán con las manos vacías? La saga se ha arrastrado desde noviembre de 2001, cuando la actual ronda de negociaciones comenzó en Doha, Qatar, sufriendo desde entonces numerosos altibajos, cuasi-colapsos y extensiones.

La última ronda de conversaciones, realizada en Ginebra, nuevamente ha terminado sin llegar a acuerdo. A juzgar por lo que dice la prensa financiera y algunos economistas, lo que está en juego no podía ser más alto.

Conclúyase la así llamada “ronda del desarrollo” con éxito, y será posible sacar a millones de campesinos de la pobreza en los países pobres, además de asegurarse de que la globalización siga viva. Si fracasa, dicen, se inflingirá un golpe casi fatal al sistema mundial de comercio, generando desilusión en el Sur y proteccionismo en el Norte. Y, como los editorialistas se apresuran a recordarnos, las desventajas son especialmente grandes en momentos en que el sistema financiero cruje bajo la crisis de las hipotecas basura y Estados Unidos entra en recesión.

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