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No cuenten con la gobernancia global

CAMBRIDGE – Todos coinciden en que la economía mundial está enferma, pero el diagnóstico aparentemente depende del rincón en el que nos toca vivir.

En Washington, los dedos acusadores apuntan a China, culpando a su política monetaria de causar grandes desequilibrios comerciales y de “destruir empleos” en Estados Unidos. Si uno va a Seúl o a Brasilia, oirá quejas sobre las políticas monetarias híper-expansivas de la Reserva Federal de Estados Unidos, que dejan a los mercados emergentes inundados de dinero caliente y aumentan el fantasma de burbujas de activos. Si preguntamos en Berlín, escucharemos un reclamo sobre la falta de probidad fiscal y reformas estructurales en otras partes de Europa o en Estados Unidos.

La culpa, estimado Bruto, no reside ni en nuestras estrellas ni en nosotros mismos. Gracias a la globalización, la culpa es de nuestros socios comerciales.

Por más interesado que pueda parecer, este punto de vista tiene cierto crédito. A medida que las economías se entremezclan, las decisiones que se toman en una parte del mundo resuenan en otras partes, produciendo muchas veces consecuencias no intencionadas.