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No se culpe al euro

El euro es uno de los éxitos inequívocos de la Unión Europea. Aun así, se ha convertido en un chivo expiatorio favorito en el “juego de las acusaciones” que se está produciendo a raíz de los rechazos holandés y francés de la propuesta de Constitución de la UE. El ministro de Bienestar Social de Italia, Roberto Maroni, ha llegado hasta el extremo de proponer que Italia abandone la economía de la zona del euro y vuelva a la lira.

¿A quién pretende engañar? La nostalgia de Maroni por la lira es poca cosa más que una transparente –e irresponsable– estratagema electoral de la Liga Norte de Italia, un intento de atribuir la responsabilidad por los actuales problemas económicos del país a Romano Prodi, ex Presidente de la Comisión de la UE y candidato de centroizquierda en las próximas elecciones generales. Según el economista principal del BCE Otmar Issing, un regreso a la lira sería un “suicidio económico” para Italia.

Gracias al euro, los bonos del Estado italiano son tan válidos como los del Estado alemán, porque el BCE está dispuesto a aceptarlos en plan de igualdad como garantía para los préstamos del BCE, con lo que se ha reducido espectacularmente el costo de los préstamos para el Estado italiano. ¿Se ha parado el ministro italiano un minuto a pensar cómo pagaría su gobierno todo su gasto público en asistencia social y otras partidas, si los tipos de interés de Italia dejaran de estar subvencionados por el BCE?

Tal vez quiera Maroni regresar a la lira para que Italia pueda devaluarla, lo que indica una importante ventaja del euro para Alemania, donde está aumentando una nostalgia injustificada del marco alemán, a la que han contribuido sin duda las constantes invectivas contra la moneda común por parte de funcionarios del gobierno. El euro impide a países como Francia e Italia entregarse al antiguo juego proteccionista de devaluar sus monedas a expensas de Alemania.