El pequeño gran hombre de Francia

PARÍS – Los estereotipos nacionales no desaparecen fácilmente, en particular si quienes tienen influencia parecen hacer todo lo posible para justificarlos. Pensemos en el caso de Francia. Para los extraños, la tierra de Molière es un país en el que se toleran las relaciones extramaritales de los dirigentes políticos, pero no unas reformas económicas vitalmente necesarias.

Pero puede que al mundo le espere una sorpresa... o al menos media sorpresa. En materia de relaciones de los políticos, puede prevalecer en Francia la continuidad, pero en materia de reformas el cambio puede estar a la vuelta de la esquina.

El Presidente François Hollande ha anunciado medidas que, de aplicarse, equivaldrían a una revolución pacífica: una importante reconciliación con el mundo empresarial e industrial que incluso su más enérgico predecesor, Nicolas Sarkozy, no se atrevió a probar, pese a sus inclinaciones más conservadoras o precisamente por ellas.

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