Paul Lachine

¿Europa tiene un deseo de morir?

BERLÍN – Desde el inicio de la crisis de deuda griega en 2010, los principales actores europeos deberían haber entendido los riesgos y las consecuencias que planteaba para la Unión Europea. A decir verdad, no es la impresión que les dan a los observadores.

En la crisis siempre hubo mucho más en juego que sólo Grecia: una insolvencia desordenada allí amenazaría con arrastrar a otras economías de la periferia del sur de la UE, incluyendo algunas muy grandes, al abismo fiscal, junto con las principales aseguradoras y bancos europeos. Eso podría sumergir a la economía global en otra crisis financiera, generando un shock equivalente al otoño de 2008. También implicaría un fracaso de la eurozona del cual el Mercado Común no saldría ileso.

Por primera vez en su historia, la propia continuidad del proyecto europeo está en juego. Y, sin embargo, el comportamiento de la UE y sus estados miembro más importantes ha sido indecisa y vacilante, debido al egoísmo nacional y a una ausencia asombrosa de liderazgo.

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