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La división hace la fuerza

En las futuras reuniones del G8 (el club mundial de países industrializados ricos y Rusia), cuatro de sus integrantes (Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido) participarán tanto individualmente como en su calidad de miembros de la Unión Europea, cuyo presidente también asistirá representando a la UE en su conjunto. Pero, ¿no debería la UE tener un representante único? Sin importar lo productivas que puedan ser esas reuniones, la participación unitaria de la UE tendría un enorme valor simbólico: reafirmaría una postura europea común en los temas de las relaciones internacionales y de la política económica internacional.

El principal argumento en favor de un cambio de esa naturaleza es que la participación conjunta de la UE daría más peso a Europa en las relaciones internacionales, sobre todo frente a los EU. Después de todo, una de las razones clave para la integración europea fue precisamente darle al continente una voz más poderosa en la arena internacional.

Los países miembros de la UE comparten reglas estrictas sobre política fiscal, una moneda común (salvo, por el momento, el Reino Unido, Suecia y Dinamarca), una política comercial común, una política antimonopolios común y políticas de mercado comunes, por mencionar sólo algunas. Entonces, ¿por qué no tener un representante único en las reuniones del G8? De hecho, Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido comparten esencialmente una postura común sobre política económica internacional, así que, ¿por qué no presentarle al mundo un frente unido en lo que se refiere a esos temas?

Hay dos respuestas posibles. Una es que a pesar de las muestras ocasionales de unidad, los países europeos mantienen puntos de vista muy distintos en política exterior y no quieren delegar esa prerrogativa. Veamos, por ejemplo, las relaciones con los EU que recientemente se han tensado. Aunque el Reino Unido mantiene vínculos muy cercanos con su aliado trasatlántico, Francia es extremadamente crítica, sin importar el color de su gobierno. La posición de Italia, por otro lado, gira 180 grados dependiendo de quién esté en el poder. Alemania ha tomado recientemente una postura más antiestadounidense (tal vez por razones electorales), pero le está empezando a gustar el hacer uso de su independencia en materia de política exterior.