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mueller21_Isabel InfantesAnadolu Agency via Getty Images_brexit protest Isabel Infantes/Anadolu Agency via Getty Images

¿Puede la democracia directa derrotar al populismo?

SARAJEVO – Desde el doble desastre de 2016 (el referendo por el Brexit en el Reino Unido y la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos) en todo el mundo hay preocupación por la “ola global” de populismo y las temeridades de la “democracia directa”. En el RU se le pidió al electorado responder una pregunta ultrasimplificada entre “dentro” o “fuera” de la Unión Europea; en los Estados Unidos, las primarias de 2016 del Partido Republicano se dejaron en manos de votantes irresponsables y de activistas radicales. Desde entonces, hubo llamados a volver a fortalecer el papel de las instituciones intermediarias que actúan como “guardianas” (gatekeepers) de la democracia, que es una forma cortés de decir: mantener a las masas incultas tan lejos como sea posible de la toma de decisiones políticas.

Pero esta respuesta liberal refleja una mala lectura de la historia reciente: no fueron las masas, sino las élites, las que abrieron la puerta al Brexit y a Trump. Además, el desdén (desvergonzadamente elitista) por la democracia directa no sólo le da la razón a la retórica populista, sino que también implica ignorar el hecho de que los referendos pueden ser armas sumamente eficaces contra los populistas.

Trump y los agitadores pro‑Brexit como Nigel Farage no deben sus victorias a algún defecto insalvable de la democracia directa, sino más bien a la ayuda que les dieron las élites. Por más desprecio que sintieran los dirigentes conservadores británicos respecto de Farage, muchos de ellos consideraron razonables sus argumentos para el Brexit; del mismo modo en que el establishment del Partido Republicano le puso el sello formal de candidato a Trump. Por supuesto que después de eso, millones de votantes británicos eligieron la opción de abandonar la UE, y millones de estadounidenses votaron por un candidato presidencial manifiestamente inadecuado para el cargo. Pero eso se debió en parte a que figuras conocidas como Boris Johnson y el ex presidente de la Cámara de Representantes estadounidense Newt Gingrich les aseguraron que hacían lo correcto.

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