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Adaptarse a la nueva globalización

BERKELEY – Países de todo el mundo están hoy reconsiderando las condiciones de participación en el comercio internacional. No está del todo mal; en realidad, los efectos disruptivos de la globalización sobre millones de trabajadores de las economías avanzadas fueron ignorados demasiado tiempo. Pero para definir nuevas políticas comerciales, se necesita una comprensión clara de la evolución actual de la globalización y no una visión retrospectiva anclada en los últimos 30 años.

La globalización le hizo al mundo mucho bien. Una investigación del McKinsey Global Institute muestra que los flujos globales de bienes, servicios, capital financiero, datos y personas acrecentaron el PIB mundial más de un 10% (unos 7,8 billones de dólares sólo en 2014) respecto de lo que hubiera sido de permanecer cerradas las economías.

La mayor parte de este valor adicional beneficia a los países más interconectados. Por ejemplo, a Estados Unidos (que está tercero entre los 195 países listados en el Índice de Conectividad del MGI) le ha ido bastante bien. También obtuvieron grandes beneficios las economías de mercado emergentes, usando la industrialización orientada a las exportaciones como trampolín para el crecimiento acelerado.

Pero a la par que la globalización redujo la desigualdad entre países, empeoró la desigualdad de ingresos dentro de ellos. Entre 1998 y 2008, los ingresos de la clase media en las economías avanzadas se estancaron, mientras crecían casi un 70% para las personas de la cima de la pirámide mundial de ingresos. Los estadounidenses más pudientes, que conforman la mitad del 1% más rico de la población mundial, se quedaron con una cuota importante de los beneficios de la globalización.