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Cómo cerrar la nueva brecha digital de la economía global

LONDRES – Desde la computación en la nube hasta la inteligencia artificial, la tecnología está revolucionando el funcionamiento de la economía global. Mientras estos cambios están generando grandes beneficios en las economías avanzadas, el mundo en desarrollo corre el riesgo de quedar rezagado. Para mejorar las perspectivas económicas del sur global y evitar que aumenten las desigualdades, las regiones en desarrollo deben tomar muy en serio las implicaciones de estos cambios para sus economías, y para el lugar que sus países ocuparán en la economía mundial.

Durante años, la “brecha digital” se vinculaba directamente a la conectividad a Internet. Pero hoy en día esta brecha tiene que ver con la forma en que las empresas en los países ricos utilizan la tecnología para fortalecer su control de las cadenas de valor globales y obtener así una mayor porción del valor agregado que se crea en el mundo en desarrollo.

Consideremos, por ejemplo, cómo las recientes innovaciones están amenazando a la estrategia de industrialización orientada a las exportaciones que ha impulsado el desarrollo de muchos países en las últimas décadas. Al usar abundante mano de obra barata, aumentó la participación de los países en desarrollo en las actividades globales de manufactura, se crearon empleos, se captaron  inversiones y, en algunos casos, se pusieron en marcha amplios procesos de industrialización. Sin embargo, las empresas que aprovecharon la oportunidad de reducir costos al trasladar la fabricación a los países en desarrollo tuvieron que pagar un costo: la externalización de la producción redujo su capacidad para responder rápidamente a los cambios en la demanda del consumo.

Pero la tecnología podría ofrecer otras posibilidades. Al invertir en la “fabricación aditiva” en robots y otras herramientas no manejadas por humanos, las empresas podrían trasladar sus centros de producción a lugares más cercanos a sus mercados finales. Adidas, por ejemplo, emplea algunas de estas tecnologías para llevar “fábricas cercanas” de calzado a Alemania y Estados Unidos.

Al tiempo que la tecnología digital facilita la venta transfronteriza de servicios y dificulta la aplicación de medidas proteccionistas para los proveedores nacionales de servicios, en los países en desarrollo aumentará la competencia global para ofrecer servicios domésticos. Si bien estas transformaciones son todavía incipientes, representan una amenaza para las estrategias de desarrollo de muchos países del sur global.

Mientras las economías en desarrollo y las avanzadas compiten por beneficiarse de las nuevas oportunidades generadas por la tecnología, la brecha digital sigue ensanchándose aceleradamente. China, por ejemplo, que solía utilizar una política industrial proteccionista para sustentar a los gigantes nacionales del sector digital -como Baidu y Tencent- ahora está apoyando a estas empresas en el desarrollo de nuevas tecnologías y en su expansión global.

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Del mismo modo, la Unión Europea está impulsando inversiones en tecnología a través de su “mercado único digital” y de nuevas políticas en áreas como el capital de riesgo o la computación de alto potencial y en la nube. De hecho, ya existen planes para crear una “nube europea”.

En la actualidad, en el sur global existen son pocos ejemplos de este tipo. Esto debe cambiar, pero ¿cómo?

Los expertos en desarrollo suelen sugerir que los países pobres no pueden destinar recursos a la economía digital. Aunque puede que esto sea cierto, si no se vuelcan en las tendencias económicas impulsadas por la tecnología el problema se hará cada ven más grande.

De hecho, estas tendencias deberían ser uno de los temas centrales de las estrategias nacionales de desarrollo. A nivel regional, es necesario analizar los cambios económicos generados por la tecnología, para diseñar políticas públicas que aprovechen las nuevas oportunidades y hagan frente a los nuevos retos.

En África, por ejemplo, las iniciativas para desarrollar sinergias de comercio regional y estimular la cooperación industrial –incluyendo iniciativas como la Zona de Libre Comercio Continental (CFTA) y la Agenda 2063-, deberían tener muy en cuenta las estrategias de transformación digital. El debate debería considerar ejemplos de otras regiones, como la UE.

Esto debería suceder en un contexto más amplio de iniciativas para ayudar a las empresas locales a expandirse y a ser más competitivas a nivel internacional. Frecuentemente el entusiasmo que genera el ecosistema innovador de África no deja ver los retos más apremiantes, como la existencia de mercados internos pequeños y fragmentados, que podrían limitar el éxito a largo plazo.

Muchos países del mundo en desarrollo ya están aprovechando las ventajas de la tecnología digital. Las tecnologías agrícolas de gestión de datos están ayudando a los productores agropecuarios a ser más rentables y, al mismo tiempo, las finanzas móviles están ampliando la inclusión financiera en las comunidades pobres. Pero estas innovaciones no serán suficientes para impedir que los países en desarrollo queden rezagados en la economía mundial. Para alcanzar al norte global, quienes diseñan las políticas necesitarán nuevas herramientas.

Para invertir en estas herramientas, los países en desarrollo también necesitarán el apoyo de organizaciones internacionales. En este sentido, los debates de la Organización Mundial del Comercio sobre las normas que regirán la economía digital deben ampliarse e incluir estrategias para que el panorama global sea más equitativo.

No será fácil superar las barreras de financiamiento digital que condicionan a los países en desarrollo. Pero no hacerlo tendría un precio más alto. Mientras los líderes de las economías en desarrollo trabajan por lograr un crecimiento sostenible, deberán pensar global y localmente, sin perder de vista el papel que la tecnología jugará en la economía del futuro.

http://prosyn.org/ISr6pHX/es;

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