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Diálogo o desastre

WASHINGTON, DC – El presidente de China, Hu Jintao, iniciará una visita de cuatro días a Estados Unidos el 18 de enero. Si bien Hu ha estado en varias “visitas de trabajo” en Washington, su inminente viaje será su primera “vista de estado” oficial desde que se convirtió en presidente hace ocho años. Dada la gran importancia que China ha adjudicado tradicionalmente a las formalidades, el gobierno chino no cesa en destacar este hecho –y, así, en demostrar sus altas expectativas frente a este acontecimiento.

China hizo un esfuerzo enorme por ocuparse de cada detalle de la cumbre. El ministro de Relaciones Exteriores, Yang Jiechi, fue enviado a Washington la semana pasada para dar los toques finales a los preparativos. China también reanudó intercambios militares bilaterales de alto nivel, que había suspendido hace un año en protesta por las ventas de armas estadounidenses a Taiwán. Robert Gates, el secretario de Defensa de Estados Unidos, fue recibido calurosamente por Hu y otros líderes chinos días antes de la cumbre de Washington. Hasta recorrió el cuerpo de misiles del Ejército Popular de Liberación. Obviamente, China quiere cultivar una atmósfera placentera para la visita estatal de Hu.

La mayor parte de la agenda de la reunión coincidirá con las agendas de cumbres sino-estadounidenses anteriores. El presidente Barack Obama probablemente plantee cuestiones como el desequilibrio comercial bilateral, la manipulación del tipo de cambio del renminbi por parte del gobierno chino, la prevención de la proliferación nuclear, la reciente tensión en la península coreana, la cooperación internacional en materia de cambio climático y los malos antecedes de derechos humanos de China.

Las reacciones de Hu ante Obama también serán familiares. China culpará del desequilibrio comercial a la prohibición estadounidense de exportaciones de alta tecnología a China, negará que haya una manipulación de la moneda, instará a Estados Unidos y a sus aliados en el este de Asia a negociar con Corea del Norte sin precondiciones, insistirá en el derecho de China como país en desarrollo a una exención de los topes a las emisiones de CO2  y rechazará las críticas de su registro de derechos humanos.