Africa doctor child health care UN Photo/Tobin Jones/Flickr

Para detener la fuga de cerebros médicos de África

OXFORD – Existe una comprensible consternación ante el plan de Uganda de enviar a casi trescientos trabajadores sanitarios a Trinidad y Tobago. Al parecer, entre ellos figuran cuatro de los once psiquiatras diplomados de Uganda, veinte de sus veintiocho radiólogos y quince de sus noventa y dos pediatras. A cambio, ese país caribeño (que tiene una proporción entre pacientes y médicos doce veces mayor que la de Uganda) ayudará a este país a explotar sus recién descubiertos pozos de petróleo.

El ministro de Asuntos Exteriores de Uganda dice que el acuerdo forma parte del mandato en pro del fomento de los intereses del país en el extranjero mediante la transferencia de conocimientos técnicos y tecnología, además de una oportunidad de obtener divisas extranjeras brindando empleo a sus ciudadanos en el extranjero, pero los donantes internacionales de Uganda no están convencidos de ello; los Estados Unidos han expresado su gran preocupación al respecto y Bélgica ha suspendido la ayuda para el desarrollo al sector de la atención de salud de Uganda.

Dos de mis amigos, un ginecólogo y un pediatra, han solicitado esos empleos. Si yo hubiera estado aún trabajando con ellos en Uganda, podría haber sentido la tentación de unirme al éxodo. Los profesionales de la atención de salud de Uganda tienen mucho talento y son muy competentes, pero con frecuencia trabajan en condiciones atroces y con un gran sacrificio personal. Así, pues, no es de extrañar que acaben vencidos por el desaliento y busquen oportunidades en otros sitios. Saben que el status quo está fallando y algo tiene que cambiar.

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