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La devaluación de la vida

En agosto de 2001, el Presidente George W. Bush dijo a los estadounidenses que le inquietaba “una cultura que devalúa la vida” y que creía que, como Presidente de los Estados Unidos, tenía “una importante obligación de promover y estimular el respeto a la vida en los Estados Unidos y en todo el mundo”.

Esta creencia es la razón de trasfondo de la negación de fondos de gobierno federal para la investigación de células madre que podría fomentar la destrucción de embriones humanos. Aunque la administración Bush ha reconocido que algunos científicos creen que la investigación en células madre podría abrir el camino a nuevas maneras de tratar enfermedades que afectan a 128 millones de estadounidenses, es evidente que desde el punto de vista de Bush esta perspectiva no justificaba destruir embriones humanos.

El mes pasado, las fuerzas militares que este mismo presidente encabeza lanzaron un misil a una casa en Damadola, un pueblo pakistaní cerca de la frontera con Afganistán. Murieron dieciocho personas, entre ellas cinco niños. El objetivo del ataque, el segundo hombre de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, no estaba entre los muertos, aunque supuestamente sí murieron figuras menores de la organización terrorista.

Bush no se disculpó por el ataque, ni reprendió a quienes lo ordenaron. Aparentemente, cree que la oportunidad de matar a un líder terrorista importante es suficiente justificación para lanzar un misil que casi con total certeza matará seres humanos inocentes.