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Ciberataques: ¿el arma perfecta?

CAMBRIDGE – Dirigentes políticos como Leon Panetta (ex secretario de defensa de los Estados Unidos) llevan años advirtiendo del peligro de un “Pearl Harbor cibernético”. Sabemos hace algún tiempo que posibles adversarios han instalado software malicioso en nuestra red eléctrica. Existe la posibilidad de un corte de energía repentino que afecte a grandes regiones, causando trastornos económicos, caos y muertes. Rusia usó un ataque de ese tipo en diciembre de 2015 como parte de su guerra híbrida contra Ucrania, aunque sólo duró unas pocas horas. Antes de eso, en 2008, ya había usado ciberataques para obstaculizar los intentos de defensa del gobierno de Georgia contra tropas rusas.

Pero hasta ahora, las ciberarmas parecen más útiles para enviar señales o sembrar confusión que para generar destrucción física; son más un arma de apoyo que un medio de asegurarse la victoria. Cada año se producen millones de intrusiones en redes de otros países, pero las que han causado daños significativos físicos (a diferencia de económicos o políticos) pueden contarse con los dedos de la mano. Como señalan Robert Schmidle, Michael Sulmeyer y Ben Buchanan: “No ha habido ningún muerto por el uso de armas cibernéticas”.

La doctrina estadounidense es responder a un ciberataque con cualquier arma, en proporción al daño físico causado; esto se basa en la insistencia en que el derecho internacional (incluido el derecho a la autodefensa) es aplicable a los conflictos cibernéticos. Que no haya habido un apagón indica que tal vez esta postura disuasiva funcionó.

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