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Bancos centrales a la desesperada

NEW HAVEN – El último día del verano estuvo marcado por otro ejemplo de medidas fútiles por parte de dos de los principales bancos centrales del mundo, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Japón (BOJ). La Fed no hizo nada, lo cual es precisamente el problema, mientras que los alquimistas del BOJ desvelaron otra débil apuesta por una política no convencional.

Tanto la Fed como el BOJ están impulsando estrategias terriblemente desconectadas de las economías que se les ha confiado gestionar. Más aún, sus últimas medidas refuerzan su creciente involucramiento con un mecanismo de transmisión cada vez más insidioso entre política monetaria, mercados financieros y economías dependientes de activos, enfoque que condujo a la crisis de 2008-2009, y bien podrían sembrar las semillas de otras crisis en los años próximos.

La cruda realidad del débil crecimiento económico queda oculta en el debate sobre las nuevas y potentes herramientas que los banqueros centrales pretenden sumar a los recursos a su disposición. Japón es un ejemplo obvio: atrapado en la que ha sido una trayectoria de crecimiento de un 1% durante el último cuarto de siglo, su economía no ha reaccionado a las múltiples iniciativas, caracterizadas por un extraordinario estímulo monetario.

Sea cual sea la sigla en inglés –primero, el ZIRP (la política de tasa de interés cero de fines de los años 90), luego la QQE (la facilitación cuantitativa y cualitativa lanzada por el Gobernador del BOJ Haruhiko Kuroda en 2013), y ahora la NIRP (las medidas recientes hacia una política de tasas de interés negativas)-, el BOJ ha prometido más de lo que ha podido lograr. De hecho, con un crecimiento anual real del PIB de apenas un 0,6% (un tercio más bajo que el desganado promedio de 0,9% de los 22 años que le precedieron desde 1991) desde que Shinzo Abe fuera electo como Primer Ministro a fines de 2012, el supuesto súper estímulo de las “Abenomics” ha demostrado ser un enorme fracaso.