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El diseño de un fracaso normativo

PRAGA - A fines del año pasado, los ministros de finanzas de la UE dieron luz verde a una nueva arquitectura de supervisión de los mercados financieros de la Unión. Ahora es tarea del Parlamento Europeo abordar este delicadísimo tema, cuya parte más controvertida son los poderes y las responsabilidades que han de recibir las tres nuevas entidades paneuropeas de supervisión de bancos, valores y seguros.

La decisión del parlamento tendrá grandes consecuencias y afectará las finanzas europeas por muchos años. Aunque algunos se quejan de que el acuerdo de diciembre sobre normativas financieras no va lo suficientemente lejos, también se puede decir que lo contrario es cierto.

El punto de partida de este cambio fundamental de política fue el informe dado a conocer a principios de 2009 por el ex presidente del banco central francés y jefe del FMI Jacques de Larosière. Sin embargo, este texto soslayó muchos temas vitales que, en consecuencia, no se tomaron en cuenta de manera sustancial en el debate subsiguiente sobre las reformas financieras.

Como ha demostrado la crisis que comenzara el 2008, existen demasiadas, en lugar de demasiado pocas, instituciones normativas y de supervisión de los mercados financieros europeos: casi 70 en la UE como un todo. De Larosière y el debate político que impulsó renunciaron por completo a primero simplificar y consolidar instituciones en el nivel nacional, y sólo entonces, tal vez, establecer un ente supranacional sobre esas bases más acotadas. En lugar de ello, estamos comenzando con lo que serán instituciones paneuropeas completamente nuevas.