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¿Dietas de diseño?

A lo largo de nuestra vida, nos vemos expuestos a una mezcla compleja de compuestos alimentarios. Procesos bioquímicos intrincados extraen de los alimentos la energía y otros componentes útiles que nos permiten crecer y funcionar. Muchos compuestos, que en el pasado parecían carecer de importancia, están reconocidos ahora por su influencia en nuestra salud. Por ejemplo, el licopene de las salsas de tomate cocido puede contribuir a prevenir el cáncer de próstata.

En realidad, todo el mundo sabe que los alimentos pueden tener repercusiones positivas o negativas en la salud. Puede que no curen nunca una enfermedad determinada, pero las dietas ricas en frutas y verduras, cereales y aceites vegetales ofrecen protección contra muchos cánceres, las enfermedades cardiovasculares y otras asociadas con la vejez. El problema, para los científicos y también para los consumidores, es que los beneficios no son los mismos para todos.

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Por eso, necesitamos entender la relación entre lo que comemos y nuestro cuerpo –o, más concretamente, nuestros genes- y sus efectos en nuestra salud. Ésa es la ciencia de la nutrigenómica. El fin a largo plazo de la nutrigenómica es el de determinar cómo reacciona todo el cuerpo a los alimentos mediante la llamada “biología de sistemas”.

Cada una de las células de nuestro cuerpo (excepto las células rojas maduras de la sangre) –y hay unos 50 billones en un adulto- contiene copias de nuestro ADN, que están estrechamente enrolladas en espiral para formar 46 haces diferentes llamados cromosomas. Dichos cromosomas están alojados en el núcleo de la célula y hay 22 pares combinados, con uno de cada par procedente de cada uno de nuestros padres biológicos, más un cromosoma X de nuestra madre y un cromosoma X o Y de nuestro padre; la combinación XX corresponde a la mujer y la XY al hombre.

El ADN almacena información decisiva para el crecimiento, la reparación, la substitución y el funcionamiento correcto de nuestras células. Consta de dos cintas –compuestas de fosfato y azúcar- a las que están unidos cuatro compuestos químicos únicos (las bases del ADN). Hay unos tres mil millones de bases y las secuencias que forman son nuestro código genético o genoma humano.

Dentro del código genético, hay de 30.000 a 40.000 regiones sumamente organizadas llamadas genes. Los genes son la unidad básica de la herencia y, salvo en el caso de los gemelos idénticos, la combinación de genes heredados de nuestros padres son únicas en cada uno de nosotros. Los genes que tenemos constituyen nuestro genotipo. El producto resultante –por ejemplo, el color de los ojos- es nuestro fenotipo.

Mediante el genotipo se pueden determinar los genes que tiene una persona, pero no siempre se puede predecir el fenotipo. La herencia de algunas características, incluido el color de los ojos, es sencilla. Sin embargo, la mayoría de los fenotipos son el resultado de una compleja combinación multigenética, del medio ambiente y de los estilos de vida, incluido el riesgo de contraer gran número de enfermedades relacionadas con la edad.

Los genes están cifrados para las proteínas, las trabajadoras del cuerpo, que no están hechas directamente de ADN, porque no les corresponde el mismo lenguaje. El ácido ribonucleico (ARN) hace de intérprete en un proceso llamado transcripción (la lectura de los genes). La traducción del ARN crea proteínas tridimensionales a partir de las combinaciones de 22 aminoácidos esenciales... esenciales sólo porque nuestro cuerpo no puede producirlos, por lo que debe obtenerlos de nuestra dieta. Las proteínas resultantes, sus cantidades y sus características forman colectivamente el proteoma y sus actividades, en combinación o como respuesta a las señales del interior del cuerpo o externas a él, constituyen nuestro metabolismo.

La complejidad de la nutrigenómica es tal, que los investigadores nutricionales ya no pueden trabajar por separado. Los conocimientos técnicos de una gran variedad de disciplinas diferentes –biología molecular y celular, matemática y estadística, nutrición y dieta, química de los alimentos y ciencias sociales- son fundamentales para lograr nuevos avances.

Para ello, 22 grupos de vanguardia se han unido a fin de crear la Organización Europea de Nutrigenómica (NuGO). La NuGO, fundada por la Comisión Europea, brinda a los científicos de organizaciones que suelen competir para conseguir financiación y a los mejores investigadores su primera oportunidad real de trabajar en colaboración. Las dificultades resultantes de la jerga profesional, la estructura organizativa y la distancia quedan más que compensadas por los beneficios de la integración de los servicios y conocimientos técnicos de nutrigenómica para velar por la utilización cooperativa de los conocimientos y su aplicación a la investigación nutricional.

La Nutrigenómica no es el Santo Grial de la nutrición, pero tampoco deja de ser pertinente para todos y no sólo para los pocos “preocupados y adinerados” que podrán adquirir los nuevos productos alimentarios, cuando existen. La determinación de la estructura del ADN y de la secuencia del genoma humano ha revolucionado la biología y la medicina. Ha creado nuevas especialidades y ha hecho avanzar nuestra comprensión de las enfermedades. Pero ese conocimiento raras veces nos permite controlar los resultados: la prevención en lugar de la curación. De hecho, en el siglo XXI seguimos sin poder describir la salud salvo como inexistencia de enfermedad.

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Las nuevas tecnologías actuales permiten identificar la salud mediante configuraciones de expresión de genes, producción de proteínas y respuesta metabólica. Aplicada a la nutrición, la nutrigenómica nos permitirá entender y –lo que tal vez sea más importante- manipular nuestra respuesta individual a los alimentos existentes para beneficio de nuestra salud.

Para algunas personas, eso significará onerosos ensayos genéticos y dietas de diseño, pero para la mayoría significará consejos realistas basados en fenotipos visiblemente demostrables: una tendencia a ganar peso, por ejemplo, o una intolerancia o una respuesta alérgica a ciertos tipos de alimentos. Por encima de todo, la nutrigenómica promete brindar la independencia saludable que todo el mundo espera tener en la última etapa de la vida.