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La muerte del homo economicus que se avecina

KIEL – El mundo parece estar al borde de otra “gran transformación”, con cambios mucho más profundos que los titulares económicos o políticos sobre el ascenso económico de Asia o los fuegos en Oriente Medio. Los próximos cambios determinarán fundamentalmente la nueva naturaleza de nuestras relaciones económicas mutuas y la dinámica social que subyace a ellas.

Se trata de una transformación de la magnitud del paso, hace 8.000 años, de las sociedades nómadas de cazadores y recolectores a las agrarias sedentarias, que con el tiempo propició el ascenso de las ciudades. Una transformación similar se produjo en Europa en el siglo X, con la aparición de los gremios, asociaciones de trabajadores especializados que regían el ejercicio de su oficio en una ciudad determinada y que prepararon el terreno para la Revolución Industrial.

Las características particulares de la transformación inminente aún no están claras. Puede muy bien entrañar revoluciones en la biotecnología, la nanotecnología y la tecnología digital, junto con una revolución en las redes sociales que elimine las barreras geográficas y culturales. Sin embargo, lo que ya está claro es que, como las transformaciones anteriores, ésta entrañará un cambio fundamental en todas nuestras relaciones económicas y las relaciones sociales en las que se basan.

La corriente principal de la economía ofrece un análisis sencillo de semejante transformación y una reacción normativa al respecto. Siempre que los imperativos tecnológicos o de otra índole permiten que las personas reciban compensación por los beneficios que se otorgan mutuamente (menos los costos), el sistema de mercado basado en los precios puede ajustarse. Cuando los cambios crean externalidades, se requiere una reestructuración económica –ajustes, pongamos por caso, de los impuestos y las subvenciones, cambios de la reglamentación o una mayor protección de los derechos de propiedad– para compensar los costos y beneficios que el mercado no puede abarcar, y, cuando los cambios originan niveles de desigualdad particularmente elevados, hacen falta medidas redistributivas.