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Finalmente, los Demócratas deben jugar con bola dura

BERLÍN – En todo el mundo, los populistas de derecha socavan la democracia y el Estado de derecho. Pero a diferencia de muchos dictadores del siglo XX, los aspirantes a líderes autoritarios de hoy en día han tratado de preservar las fachadas de las instituciones que ellos mismos están destruyendo, lo que crea un dilema para los partidos de oposición. ¿Deberían seguir las reglas de un juego que está amañado en su contra, o deberían empezar a escribir sus propias reglas y arriesgarse a ser acusados de ser los verdaderos sepultureros de la democracia liberal?

La sabiduría convencional dice que la violación de las normas no hace nada más que acelerar la destrucción de la democracia. Sin embargo, la ‘bola dura constitucional’ es apropiada en circunstancias específicas. Cuando, por ejemplo, los legalistas autocráticos usan la letra de la ley para violar el espíritu de las instituciones democráticas, sus oponentes deben hacer lo contrario.

En muchos países que se encuentra bajo regímenes populistas de derecha – piense, por ejemplo, en Hungría o Polonia –  no existe una oposición unificada, y los partidos pueden proponer una variedad de políticas como alternativas a lo que ofrece el gobierno (y no todo lo que hace un régimen populista de derecha es autoritario per se). Sin embargo, cuando están en juego los principios políticos básicos, la oposición debe, de manera determinante, unirse y señalar claramente a los ciudadanos que la situación ha pasado más allá de un desacuerdo político común y corriente.

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