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¿Está Estados Unidos listo para un Estado de bienestar?

CIUDAD DE MÉXICO – Como extranjero que escribe un libro sobre los estadounidenses, veo signos alentadores conforme se calienta la campaña para la elección presidencial de 2020. En particular, con la carrera para conseguir la nominación demócrata a toda marcha, muchos de los precandidatos defienden políticas audaces que encaran algunos de los desafíos más importantes que ha enfrentado Estados Unidos por décadas.

Las propuestas más sorprendentes crearían en Estados Unidos elementos de un moderno Estado de bienestar en áreas como salud, cuidado infantil y educación. Hay que ver si sobrevivirán al fragor de una campaña electoral presidencial. Pero sea que en 2020 el Partido Demócrata gane o pierda, la socialdemocracia ha reaparecido en la política estadounidense por primera vez desde los años treinta.

Puede ser un hecho trascendental. Durante gran parte de su historia, y sin duda desde que Alexis de Tocqueville recorrió la república en la década de 1830, Estados Unidos fue un país de clase media. O, para hablar tal vez con más precisión, fue un país que negaba derechos a la mayoría de la población (incluidos los esclavos afroamericanos y los aborígenes, así como las mujeres blancas) mientras otorgaba una igualdad inédita al resto.

A lo largo del siglo y medio que siguió, la clase media se expandió y prosperó en forma más o menos continua, lo que en la práctica impidió la aparición del tipo de Estado de bienestar que otros países ricos comenzaron a instituir a partir de fines del siglo XIX. Es verdad que en los años treinta Estados Unidos introdujo un sistema de pensión de vejez federal (la Seguridad Social) y en los sesenta instituyó los programas de seguro médico con financiación estatal Medicare y Medicaid. Pero mientras los estadounidenses de clase media tuvieron pleno empleo y salarios relativamente altos, no hubo lugar en la agenda política convencional para ideas más audaces, por ejemplo un sistema universal de atención médica financiado por el Estado y un seguro de desempleo adecuado.

Esto se aplica especialmente a las tres décadas que pasaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta fines de los setenta. Pero entonces la suerte económica de Estados Unidos empezó a cambiar. Por diversas razones, entre ellas las políticas económicas del presidente Ronald Reagan, la globalización y una pérdida de competitividad estadounidense, se inició un aumento de la desigualdad, los salarios e ingresos reales (ajustados por inflación) se estancaron y la clase media comenzó a reducirse.

Estas tendencias negativas continúan, y explican en parte la victoria de Donald Trump en la elección presidencial de 2016. Además, el aumento de las dificultades económicas hizo cada vez más evidente la necesidad de crear en Estados Unidos alguna forma básica de Estado de bienestar. Pero es la primera vez que políticos estadounidenses de uno de los partidos principales lo defienden abiertamente.

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En diversos grados, los principales contendientes para la nominación demócrata en 2020 han apoyado muchos de los principios de un Estado de bienestar moderno. Tanto, de hecho, que Trump y el Partido Republicano los acusan de querer traer el socialismo a Estados Unidos, y denuncian que convertirán el país en Venezuela.

Muchos precandidatos demócratas pidieron una gran ampliación de la provisión pública de atención médica. Pero sus propuestas (un sistema integrado –“Medicare for All”–, un servicio nacional de salud o alguna otra cosa) no son todas iguales. Diversos contendientes (entre ellos Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Kamala Harris y Beto O’Rourke) difieren respecto de los detalles (o todavía no los manifestaron claramente). Pero es evidente que después del intento del expresidente Barack Obama de arreglar el desastre del sistema de salud estadounidense con soluciones parciales (tal vez porque era lo único políticamente factible en aquel momento), los que hoy compiten por la nominación demócrata tienen planes más ambiciosos.

Warren, en tanto, propuso crear un sistema universal de cuidado infantil financiado con un impuesto a las fortunas de más de 50 millones de dólares. Aunque parezca revolucionario, no lo es. Como suele señalar el ex Secretario de Trabajo de los Estados Unidos, Robert Reich, hace mucho que el país tiene impuestos sumamente regresivos sobre las propiedades, que afectan a quienes no tienen otros activos que sus casas.

Los precandidatos demócratas también propusieron instituir la matrícula gratuita universal en las universidades públicas, aumentar las tasas impositivas marginales hasta los niveles que tenían antes de Reagan y gravar las fuentes de energía no renovables con un impuesto al carbono. Son todas ideas emocionantes, innovadoras y disruptivas, que hace sólo cuatro años hubieran quedado relegadas a los márgenes de la extrema izquierda. Aunque la implementación de cualquiera de ellas no creará de un día para el otro un Estado de bienestar en Estados Unidos, hará que se parezca un poco más a Escandinavia.

Además, algunos precandidatos demócratas quieren reformar el disfuncional sistema político estadounidense para aumentar las chances de introducir ese Estado de bienestar. En particular, Warren propuso hace poco abolir el Colegio Electoral, para que los presidentes estadounidenses se elijan por el voto popular nacional. En 2000 y en 2016 otra vez, el candidato presidencial demócrata obtuvo la mayoría de los votos pero no ganó la elección.

La propuesta de Warren no prosperará en el corto plazo. Pero el hecho de que una precandidata importante la promueva sugiere que los estadounidenses tal vez estén pensando más seriamente en el funcionamiento (o falta de funcionamiento) de su sistema político.

Varios obstáculos pueden impedir la concreción de estas propuestas de Estado de bienestar después de 2020, sobre todo la posibilidad de que Trump sea reelecto. Además, puede ocurrir que quien obtenga la nominación demócrata prefiera no incluir cuestiones sustantivas radicales en la plataforma del partido y opte por un programa más moderado, con la esperanza de atraer a suficientes votantes centristas para derrotar a Trump. E incluso si alguien del Partido Demócrata favorable a muchas de estas reformas para un Estado de bienestar ganara la presidencia, no es seguro que pueda o quiera implementarlas.

Sin embargo, los principales precandidatos demócratas promueven políticas de bienestar que hasta hace poco parecían casi inimaginables en Estados Unidos. Conforme obtienen el apoyo de la oprimida clase media estadounidense, estas ideas están cambiando los términos del debate político en el país. Sólo por eso, la campaña presidencial de 2020 ya parece estar a años luz de los lugares comunes y las invectivas vacuas de 2016.

https://prosyn.org/iPeX52U/es;

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