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Es necesario reconsiderar la promoción de la democracia

Cambridge – El presidente George W. Bush solía proclamar que la promoción de la democracia era uno de los objetivos centrales de la política exterior estadounidense. No es el único que ha utilizado esta retórica. La mayoría de los presidentes estadounidenses desde Woodrow Wilson han hecho declaraciones similares.

Por ello, cuando la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, testificó ante el Congreso hace unos meses sobre las tres “D” de la política exterior de su país, llamó la atención que hablara de defensa, diplomacia y desarrollo. La “D” de democracia brilló por su ausencia, lo que sugiere un cambio de política de la administración de Barack Obama.

Tanto Bill Clinton como George W. Bush frecuentemente hacían referencia a los efectos benéficos de la democracia sobre la seguridad. Citaban estudios de las ciencias sociales que demuestran que las democracias rara vez se declaran la guerra. No obstante, dicho con más cuidado, lo que los académicos indican es que las democracias liberales rara vez se declaran la guerra, y puede ser que una cultura constitucional liberal sea más importante que el mero hecho de las elecciones.

Si bien éstas son importantes, la democracia liberal es más que una "electocracia". Las elecciones sin limitaciones constitucionales y culturales pueden provocar violencia, como en Bosnia o en el caso de la Autoridad Palestina. Además, las democracias no liberales se han enfrentado, como sucedió con Ecuador y Perú en los años noventa.