People shopping in Turkey Chris McGrath/Getty Images

En defensa del populismo económico

CAMBRIDGE – Los populistas aborrecen las restricciones al poder ejecutivo. Puesto que dicen representar al “pueblo” en su totalidad, consideran que todo límite a su ejercicio del poder atenta contra la voluntad popular, y sólo puede estar al servicio de los “enemigos del pueblo”: las minorías y los extranjeros (para los populistas de derecha) o las élites financieras (en el caso de los populistas de izquierda).

Es una forma peligrosa de entender la política, porque permite a una mayoría pisotear los derechos de las minorías. Sin separación de poderes, sistema judicial independiente y libertad de prensa (algo que todos los autócratas populistas, desde Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdoğan hasta Viktor Orbán y Donald Trump detestan) la democracia degenera en tiranía de quien acierte a estar en el poder.

En el populismo, las elecciones periódicas se vuelven una cortina de humo. En ausencia del Estado de Derecho y de las libertades civiles básicas, los regímenes populistas pueden prolongar su reinado manipulando medios y tribunales a su antojo.

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