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Cómo derrotar el chantaje nuclear de Corea del Norte

El anuncio de Corea del Norte de que posee armas nucleares ha generado un frenesí diplomático. Para persuadir a Corea del Norte a volver a las conversaciones a seis bandas (junto con China, Japón, EE.UU, Rusia y Corea del Sur) sobre la desactivación de la amenaza nuclear en la península de Corea, Japón, Estados Unidos y Corea del Sur están ofreciendo ampliar el alcance de las mismas para permitir que plantee cualquier tema que le preocupe. Este sería un grave error.

Las conversaciones llegaron a un punto muerto en junio del 2004, cuando los norcoreanos se retiraron, alegando políticas supuestamente hostiles por parte de los gobiernos estadounidense y japonés. Ahora afirman haber fabricado armas nucleares para su autodefensa. Si bien el régimen de Kim Jong-Il había hecho varias declaraciones no oficiales en las que admitía que Corea del Norte posee arsenales nucleares, el anuncio fue la primera confirmación oficial.

Lo que subyace a la declaración fue la constatación del régimen de que una segunda administración Bush no suavizaría su exigencia de que Corea del Norte abandone por completo su programa nuclear y que, en lugar de ello, continuaría impulsando políticas dirigidas a aislar y censurar a este país. Lo mismo es válido en el caso de Japón, cuya postura sobre el secuestro de sus ciudadanos por parte de agentes de Corea del Norte en los años 70 y 80 también fue citada por el régimen de Kim en julio pasado como una razón para el retiro de las conversaciones a seis bandas.

Con esto en mente, son claros los motivos de los norcoreanos para jugar la baza nuclear, y la oportunidad no podría haberles parecido más favorable: obligar a los estadounidenses a hacer concesiones en momentos en que la situación en Irak los deja sin espacio de maniobra, y menoscabar los crecientes llamados de Japón para aplicar sanciones económicas contra Corea del Norte debido al problema de los secuestros. Por lo tanto, mientras en su anuncio sobre su capacidad nuclear Corea del Norte condenó en fuertes términos a Japón y EE.UU., no mencionó a China, Rusia ni Corea del Sur, que habían sido más conciliadores durante las conversaciones a seis bandas.