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La deconstrucción de Saleh

LONDRES – Ali Abdullah Saleh está acabado como presidente de Yemen. Las protestas democráticas populares que comenzaron a pequeña escala a mediados de febrero afuera de la Universidad de Sanaa se han ampliado hasta abarcar a todo el país. La continuidad y la fuerza de las manifestaciones indican claramente que los días del régimen están contados. Los líderes tribales se han unido a los manifestantes. Incluso aliados cercanos de la tribu Hashid a la que pertenece Saleh, como Ali Mohsen al-Ahmar, lo han abandonado. Ahora, también su protector de muchos años, los Estados Unidos, parecen estarlo abandonando.

Saleh, que ha estado en el poder desde 1978, sabe que su tiempo ha terminado. "Están cayendo como hojas en otoño," dijo recientemente refiriéndose a los tránsfugas del régimen. Las renuncias han aumentado: embajadores, ministros, figuras importantes de los medios y generales del ejército.

Este último grupo es el decisivo: cuando los altos mandos militares y el personal de seguridad abandonan a un régimen autoritario ante la presión popular, sus días están contados. Con todo, Saleh conserva la lealtad del Ministerio del Interior, la Guardia Republicana y parte de la fuerza aérea. Sin embargo, los enfrentamientos entre el ejército y la Guardia Republicana están erosionando aún más la coherencia del régimen.

Al igual que otros dictadores en sus agonías políticas - el ex presidente egipcio, Hosni Mubarak, y el coronel libio Muammar Kaddafi, por ejemplo - Saleh, ha advertido de los peligros a que se enfrentaría el mundo si se ve obligado a irse: la Hermandad Musulmana, ataques de Al-Qaeda , la hegemonía regional de Irán, y la fragmentación de Yemen. Après moi le déluge parece ser la única justificación que puede dar para seguir en el poder.