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La sobrevalorada decadencia de los Estados Unidos

CAMBRIDGE – Al acercarse las elecciones al Congreso de los EE.UU., las cuestiones relativas a la salud de sus instituciones políticas y al futuro de su dirección mundial se han disparado y algunos citan el estancamiento partidario como una prueba de la decadencia del país, pero, ¿de verdad es tan mala la situación?

Según la politóloga Sarah Binder, la divisoria ideológica entre los dos principales partidos políticos de los Estados Unidos no había sido tan grande como ahora desde el final del siglo XIX. Sin embargo, pese al actual estancamiento, el 111º Congreso ha logrado aprobar un importante estimulo fiscal, una reforma de la atención de salud, una reglamentación financiera, un tratado de control de armamentos y una revisión de la política militar respecto de homosexualidad. Es evidente que no se puede considerar acabado el sistema político de los EE.UU. (en particular, si el estancamiento es cíclico).

Aun así, el Congreso actual adolece de una escasa capacidad legislativa. Aunque la coherencia ideológica se ha más que duplicado en los dos últimos decenios, del diez por ciento al 21 por ciento del público, la mayoría de los americanos no tiene opiniones uniformemente conservadoras o izquierdistas y quiere que sus representantes adopten  soluciones de avenencia. Sin embargo, los partidos políticos se han vuelto más coherentemente ideológicos desde el decenio de 1970.

No se trata de un problema nuevo en los EE.UU, cuya Constitución está basada en la concepción liberal del siglo XVIII de que se debe controlar el poder mediante la fragmentación y los contrapesos compensatorios, por lo que el Presidente y el Congreso se ven obligados a competir por el control en sectores como el de la política exterior. Dicho de otro modo, el Gobierno de los EE.UU. fue concebido para ser ineficiente a fin de velar por que no resultara fácil que llegara a ser una amenaza para la libertad de sus ciudadanos.