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Debate sobre la defensa

BRUSELAS – El terremoto haitiano ha revelado dos cosas con absoluta claridad: las amenazas a la seguridad no son sólo obra del hombre y con frecuencia las fuerzas militares son un elemento decisivo de la ayuda humanitaria. Ha sido un recordatorio muy oportuno, porque la seguridad y la defensa son ahora el centro de un importante debate dentro de la OTAN y la Unión Europea.

Se dice que los generales siempre se preparan para reñir la última guerra: una tontería antigua, pero que encierra un poco de verdad. De hecho, la flexibilidad no es algo que las fuerzas armadas consigan fácilmente, con la consecuencia de que en los dos decenios transcurridos desde el final de la guerra fría ha habido una adaptación lenta a los papeles en transformación del ejército.

Pero entre las prioridades de la OTAN en este año aún figura una revisión drástica de su objetivo estratégico, cosa que la Alianza no había puesto en tela de juicio desde 1999, mientras que la UE sigue persiguiendo su meta de forjar una política de defensa europea digna de ese nombre. En los dos casos, hay más preguntas que respuestas.

Para empezar, ¿qué se entiende por “defensa”? ¿Se refiere a la geopolítica de las relaciones internacionales o a la protección de la sociedad contra los ataques terroristas? Se trata de las dos cosas, naturalmente, pero la clase de políticas que permitirá la consecución de esos dos objetivos, muy diferentes, dista de estar clara.