Death penalty noose India Prabhat Kumar Verma/ZumaPress

Una ejecución en la horca en la India

NUEVA DELHI – El pasado 30 de julio, Yakub Memon, contable colegiado y hermano de un tristemente famoso gángster que ahora vive autoexiliado, fue ahorcado por complicidad en la planificación y la ejecución de explosiones de bombas consecutivas que mataron a 257 personas en Mumbai en 1993. Esa ejecución, la primera en tres años, ha suscitado reacciones comprendidas entre la consternación y la sed de sangre apenas encubierta y ha intensificado el debate nacional sobre la pena de muerte.

Desde luego, nadie pretende decir que el sistema judicial de la India no haya funcionado apropiadamente en el caso de Memon. Fue declarado culpable conforme al debido proceso legal y su pena se ajustaba a la legislación vigente. Durante sus veintiún años tras los barrotes, Memon agotó todas las apelaciones posibles a su disposición, incluida una de clemencia presidencial. El Tribunal Supremo celebró incluso una audiencia de emergencia a las 2:30 de la mañana, unas horas antes de aquella en que estaba fijada la ejecución, antes de decidir que siguiera su curso.

Pero sigue siendo necesario preguntarse: ¿debe figurar la pena capital en la legislación?

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