Pragmatismo para Siria

MADRID – Siria no es hoy sino ruinas y sangre. Cuatro años de guerra civil han dejado tras de sí más de 200.000 muertos, un millón de heridos y 6,7 millones de desplazados internos. Otros 3,6 millones han huido del país y son hoy refugiados, mientras que 13 millones (de una población que antes de la guerra ascendía a 20 millones) necesitan desesperadamente asistencia humanitaria. Dos insignes enviados especiales de Naciones Unidas - Kofi Annan y Lakhdar Brahimi – abandonaron sucesivamente su misión ante la espiral, aparentemente sin fin, de la violencia.

Frente a este desconsolador panorama, cabría hoy, sin embargo, un optimismo prudente. Tras meses de intensos combates, las fuerzas kurdas han logrado recientemente expulsar al Estado Islámico de la ciudad fronteriza de Kobane. Por otra parte, el nuevo enviado de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, ha puesto en marcha una estrategia pragmática y decidida -"Aleppo First"- que aspira a suspender las operaciones militares en la ciudad destruida y facilitar así la entrada de ayuda. ¿Estamos ante un punto de inflexión para Siria?

Cuando estalló la crisis en Siria nadie pronosticó lo grave, dilatada y compleja que ésta llegaría a ser. Para empezar, los observadores subestimaron la cada vez más profunda desesperanza de los ciudadanos, que les ha llevado a posicionarse inequívocamente del lado de los grupos yihadistas o del régimen de Assad.

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