3

El tema de la inmigración en Reino Unido como distracción

LONDRES – ¿Odian los votantes británicos a los extranjeros, o solo a los aprovechados? Esa es la pregunta que planteó el primer ministro británico, David Cameron, en su tan esperado discurso sobre la inmigración a otros países miembros de la Unión Europea, pronunciado el mes pasado en las oficinas generales del fabricante de equipo pesado para la construcción, JCB.

La apuesta de Cameron es que a los votantes no les importa si los polacos o lituanos operan las máquinas JCB en obras de construcción por todo Reino Unido. Lo que afecta a los británicos son los inmigrantes que llegan a Reino Unido a aprovecharse de las ayudas sociales.

El discurso fue la respuesta de Cameron a las recientes salidas de dos parlamentarios del Partido Conservador para irse al Partido Independencia del Reino Unido (UKIP) que tiene una agenda anti Unión Europea y anti inmigración. Cameron teme que el UKIP quite votos al Partido Conservador en las elecciones generales de mayo próximo. Sin embargo, por inteligente que haya sido su discurso, es improbable que logre derrotar al UKIP –y centra el debate británico sobre su membresía en la UE en el tema equivocado.

Sin duda, el discurso de Cameron fue una apuesta propia más de un estadista que lo que muchos habían esperado –incluso dentro de su propio gobierno. Algunas de sus observaciones en semanas recientes habían sugerido que podría negar categóricamente el libre movimiento de ciudadanos de la Unión Europea –uno de los principios fundamentales– y desafiar a otros gobiernos europeos a oponerse a su decisión.