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La guerra cultural de David Cameron

NUEVA YORK – El gobierno del Primer Ministro británico,  David Cameron, ha anunciado algunas de las reducciones más draconianas del sector público que gobierno alguno de un país desarrollado se haya propuesto jamás. De hecho, su ministro de Educación ha declarado recientemente que se recortará nada menos que un 40 por ciento la financiación de las universidades de Gran Bretaña, pero el aspecto más escandaloso de esa iniciativa es el de que los departamentos de artes y humanidades lo sufrirán mucho más que los de ciencias e ingeniería, que son, supuestamente, mejores para las empresas.

La guerra contra las artes y las humanidades no es nueva precisamente, aunque ésta es la primera vez que la lucha se ha trasladado tan directamente a Gran Bretaña. Ronald Reagan encabezó una ola de política y propaganda en los Estados Unidos en el decenio de 1980 que demonizó la National Endowment for the Arts (“Dotación Nacional para las Artes”). Desde entonces, los gobiernos republicanos de los Estados Unidos han recortado los fondos para ballet, poesía en las escuelas y escultura, mientras que demagogos como el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani han conseguido fuerza política atacando artes plásticas polémicas.

Pero la actitud del gobierno de Cameron es más siniestra que la antigua táctica de la derecha de poner la mira en disciplinas que se pueden ridiculizar como decadentes. Las reducciones británicas revelan una ofensiva en los países desarrollados –y que ha comenzado también en los EE.UU.– contra los tipos de instrucción que propician una sociedad civil abierta y fuerte y una población que resulte difícil de reprimir.

En el antiguo bloque soviético, fueron las obras de los poetas, los dramaturgos, los humoristas y los novelistas las que codificaron temas prohibidos relativos a la libertad y en las que la policía secreta ponía la mira. En la actualidad, son víctimas de acosos, silenciamientos y torturas en lugares como el Irán, Siria, China y Myanmar.