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Mi mejor inversión

YAKARTA – De joven soñaba con ser médico. Nací en Indonesia a comienzos de los años 50, cuando la mayoría de las familias de mi país carecían de acceso a la atención de salud, por lo que miles de niños morían cada año a causa de enfermedades prevenibles como el sarampión, la polio y la malaria.

Sin embargo, los avances revolucionarios en medicina comenzaron a cambiar la situación y los médicos indonesios eran recibidos como héroes. Yo también quería serlo, así es que estudié intensamente para entrar a la escuela de medicina.

Sin embargo, mis planes cambiaron cuando mi padre cayó enfermo. Era un hombre muy trabajador que hacía bicitaxis en Surabaya, y abandoné la universidad cuando él ya no pudo seguir manteniendo a la familia. Acabé por convertirme en un exitoso empresario, fundando un banco que es hoy una de las mayores instituciones financieras del sudeste asiático.

En retrospectiva, no lamento nada. De hecho, sé que he sido un gran privilegiado. Millones de niños en los países en desarrollo de África, Asia y el Pacífico Occidental se ven empujados a la pobreza extrema cuando uno de sus padres enferma o muere. Y millones más sufren enfermedades que les impiden llevar una vida saludable y productiva.