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Ortega: ¿primero o tercero?

Ante la amenaza inesperada que representa el ex alcalde de Managua Herty Lewites, Daniel Ortega ha decretado un estado de emergencia en el Frente Sandinista (FSLN).

Nadie duda que el nombramiento precipitado de Ortega como candidato presidencial para las elecciones de noviembre 2006, constituye una respuesta defensiva ante el desafío planteado por el movimiento que encabeza Lewites, un sandinista pragmático que según las encuestas es el político más popular de Nicaragua. Lo llamativo ha sido que Ortega se haya expuesto a tanto desgaste político para imponer su candidatura, eliminando de un tajo la demanda de elecciones primarias en su partido.

Ortega no sólo expulsó a Lewites del FSLN, sino que desplegó toda su influencia a través de los poderes del estado que controla, cancelando el permiso policial para un acto público y prohibiéndole el uso de los símbolos del partido en sus manifestaciones. Pero a pesar de la prohibición oficial no logró expropiarle las calles al movimiento de Lewites que continúa organizando concentraciones masivas. Y al atentar contra la libertad de movilización política, Ortega agredió a todos los ciudadanos que ahora se sienten más amenazados por su poder autoritario.

La quinta candidatura presidencial de Ortega --después de haber perdido en las últimas tres elecciones-- conlleva un claro mensaje a la Administración Bush en Estados Unidos. Un llamado a la confrontación con los “veteranos de la contra” de los ochenta --Elliot Abrams, John Negroponte, Roger Noriega, Dan Fisk, Otto Reich-- que hoy ejercen importantes cuotas de poder en Washington.