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Lecciones de Europa para los reformadores de China

BRUSELAS – Es muy posible que la decisión de política económica más importante de 2013 se haya tomado en el Tercer Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino, que se comprometió a dar un papel “decisivo” al mercado en el rumbo de la economía china. Puesto que el país es hoy el mayor exportador del mundo tras la Unión Europea y representa cerca de la mitad del crecimiento global, las decisiones que se tomen en Beijing podrían tener efectos más importantes sobre la economía mundial que las de Berlín, Bruselas o Washington, DC.

Pero, si bien la adopción del mercado y la apertura al mundo exterior por parte de China le ha permitido alcanzar un progreso económico notable durante las últimas tres décadas, puede que hoy el país haya llegado a un nivel de ingreso donde el problema no es que haya “muy poco mercado”. Por el contrario, para abordar algunos de los problemas clave de China tiene que haber mayor presencia del gobierno.

Por ejemplo, la contaminación del aire y el agua solo se puede solucionar con más intervención estatal, tanto central como local. Hoy las autoridades han dado prioridad máxima a su solución, y no se puede dudar de que China posea los recursos necesarios: a fin de cuentas, ha creado el sector manufacturero más grande del mundo. Puede hacerlo porque dispone de enormes niveles de ahorro interno para financiar la inversión en equipos de reducción del smog y la contaminación del agua

El dilema de los líderes de China es que aumentar el control de la contaminación y dotarse de la infraestructura correspondiente hace más difícil el paso de un modelo de crecimiento económico centrado en las inversiones y las exportaciones a uno basado en el consumo, cuyo aumento agravaría el problema de la contaminación. Por tanto, es posible que el reequilibrio económico deba demorarse debido a la necesidad más apremiante de invertir en la mejora de las condiciones ambientales.