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La gran divisoria dentro de las economías en ascenso

PRINCETON – Cuando unos investigadores del McKinsey Global Institute profundizaron recientemente en los detalles de los lentos resultados económicos de México, hicieron un descubrimiento notable: un desfase inesperadamente grande del aumento de la productividad entre las empresas grandes y las pequeñas. De 1999 a 2009, la productividad del trabajo había aumentado en un respetable 5,8 por ciento en las grandes empresas de 500 o más empleados. En cambio, en las empresas pequeñas, de diez o menos empleados, el aumento de la productividad del trabajo había disminuido en una tasa anual del 6,5 por ciento.

Además, el porcentaje correspondiente al empleo en esas empresas pequeñas, que ya estaba en un nivel alto, había aumentado del 39 por ciento al 42 por ciento en el mismo período. En vista del enorme desfase existente entre lo que los autores llaman los “dos Méxicos,” no es de extrañar que la economía tuviera unos resultados tan deficientes en conjunto. Pese a lo rápidamente que las empresas grandes y modernas mejoraron gracias a las inversiones en tecnología y conocimientos técnicos, la economía se vio arrastrada por sus improductivas empresas pequeñas.

Puede parecer una anomalía, pero en realidad es un fenómeno cada vez más común. Si observamos todo el mundo en desarrollo, vemos una fisura desconcertante entre los sectores de vanguardia y los rezagados de las economías.

La novedad no estriba en que algunas empresas e industrias estén mucho más próximas a la frontera de la productividad mundial que otras. La heterogeneidad productiva –o lo que los economistas llaman dualismo económico– siempre ha sido un rasgo fundamental de las sociedades de escasa renta. Lo nuevo –y preocupante– es que los segmentos de escasa productividad de las economías en desarrollo no se están reduciendo; al contrario, en muchos casos están ampliándose.