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Ciberguerra y ciberpaz

CAMBRIDGE – Hace dos años, un fragmento de código informático defectuoso infectó el programa nuclear de Irán y destruyó muchas de las centrífugas utilizadas para enriquecer uranio. Algunos observadores declararon este aparente sabotaje como el presagio de una nueva forma de guerra, y el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, advirtió a los norteamericanos sobre el peligro de un "Pearl Harbor cibernético" contra Estados Unidos. Ahora bien, ¿qué sabemos realmente sobre un ciberconflicto?

El dominio cibernético de las computadoras y las actividades electrónicas relacionadas es un entorno complejo diseñado por el hombre, y los adversarios humanos son resueltos e inteligentes. Las montañas y los océanos son difíciles de mover, pero se pueden encender y apagar porciones del ciberespacio con sólo accionar un interruptor. Es mucho más económico y más rápido desplazar electrones por el mundo que mover barcos grandes en largas distancias.

Los costos de desarrollar estas embarcaciones -fuerzas de operaciones de múltiples portadores y flotas submarinas- crean enormes barreras de entrada, lo que permite el dominio naval de Estados Unidos. Pero las barreras para ingresar en el dominio cibernético son tan bajas que actores no estatales y pequeños estados pueden desempeñar un papel importante a un costo bajo.

En mi libro The Future of Power (El futuro del poder), sostengo que la desviación del poder de los gobiernos es uno de los grandes giros políticos de este siglo. El ciberespacio es un ejemplo perfecto. Países grandes como Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China tienen una capacidad mayor que otros estados y actores no estatales para controlar el mar, el aire o el espacio, pero casi no tiene sentido hablar de predominio en el ciberespacio. En todo caso, la dependencia de sistemas cibernéticos complejos para el respaldo de actividades militares y económicas crea nuevas vulnerabilidades en los estados grandes que pueden ser explotadas por actores no estatales. &