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Raíces narrativas de la política pública

BUENOS AIRES – En la última Cumbre de las Américas, realizada en Panamá, el presidente de Cuba, Raúl Castro, optó por romper con el protocolo establecido. En lugar de hablar durante ocho minutos, tardó seis veces más en presentar una interpretación bastante libre de la historia política de su país. ¿Por qué?

Como economista de profesión, mis estudios me enseñaron a mirar el mundo desde la perspectiva del filósofo inglés Jeremy Bentham, para quien el propósito de la política pública es crear la mayor felicidad para el mayor número de personas. Las políticas que no se atengan a alguna de las variantes de este principio utilitarista (por ejemplo, las de John Rawls o las de Amartya Sen) ciertamente serán ineficientes o injustas.  

Sin embargo, descubrimientos recientes en psicología y neurociencia pueden sugerir que si queremos comprender la conducta social y política, o mejorar las políticas, deberíamos leer a Hegel más que a Bentham. Esto puede parecer extraño ya que Hegel era un filósofo idealista y jamás hubiera esperado que la neurociencia - una realidad material independiente del geist (generalmente traducido como espíritu o mente) - fuera pertinente a su ámbito de estudio.

Según Antonio Damasio en su libro Self Comes to Mind [El yo viene a la mente], el cerebro crea una percepción autobiográfica del propio ser, y este ser creado es el que percibe, recuerda y aspira, que posee telos (o propósito), y en cuyo nombre se toman decisiones.