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Cuba sale del frío

WASHINGTON, DC – Hace algunos años habría sido difícil imaginarse a Cuba golpeando a las puertas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Hoy, con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con la isla después de más de medio siglo de enemistad, parece una cuestión de tiempo que ingrese a ambas instituciones para beneficio de todas las partes.

Ser miembro del FMI es uno de los requisitos para unirse al Banco Mundial, y son fáciles de ver las ventajas que ganaría Cuba con ello. El país siente un legítimo orgullo por sus logros sociales, pero será necesario que su economía crezca para que se sostengan en el tiempo, lo que tendrá que fomentar profundizando las reformas económicas que ya ha iniciado, haciendo frente a su obsolescencia tecnológica y modernizando su infraestructura pública.

Para todo ello hay que recabar capital. Y, si bien Cuba podría (y posiblemente debería) buscar apoyo financiero de fuentes distintas al Banco Mundial, existen problemas con muchas de las alternativas multilaterales. El apoyo financiero de la Corporación Andina de Fomento podría ser más bien limitado, todavía no se han determinado los procedimientos de ingreso al Nuevo Banco del Desarrollo de los países BRICS, y unirse al Banco Interamericano de Desarrollo podría ser políticamente delicado, considerando su vínculo con la Organización de los Estados Americanos.

Por supuesto, Cuba podría tomar préstamos de acreedores bilaterales, pero por lo general esos recursos vienen con condiciones menos transparentes que las de las entidades financieras internacionales. Más aún, ninguna de estas fuentes potenciales de financiación tendría el nivel de apoyo técnico que brinda el Banco Mundial.